Muchos se preguntan dónde se encuentra el éxito. Cómo las mujeres y hombres más exitosos del mundo llegan a estar donde se encuentran y qué implica para ellos. Lo cierto es que detrás de los millones y las compañías exitosas hay un sueño.

A partir de una idea los grandes emprendedores del mundo han dedicado sus vidas. Con trabajo y esfuerzo máximo pequeños proyectos lograron convertirse en grandes empresas.

En la sociedad actual la figura del empresario sigue siendo entendida como la de la persona avara que piensa únicamente en su beneficio. Pero varios negocios, surgen de ideas sencillas, por no decir absurdas, detrás de las cuales se destaca la intención de un mejor futuro para sus familias.

Una vez la idea madura y alcanza el éxito, vienen las grandes corporaciones y con ellas el dinero. La fórmula parece sencilla, pero la práctica no lo es. Hay que logara tener confianza, no solo en uno mismo, sino que, en su idea, y luego en la gente que la va a ejecutar.

Más lejos aún de quienes están involucrados en el negocio mismo, están los de fuera. Ellos también importan, hay que saber qué quieren, por qué lo quieren y cómo lo quieren. Sin entender esas tres premisas, las ideas más brillantes no llegan muy lejos.

Muchas tareas al mismo tiempo y conforme el éxito aumenta, las obligaciones y presiones también. La entrada de tanto dinero a una familia, por más de que paresa muy agraciada, desestabiliza el ecosistema familiar.

De esta realidad se desprenden dos tipos de personas, primero, el que se encierra en uno mismo, se torna avaro; y segundo, el que es desprendido y derrocha todo aquello que posee.

La persona detrás del principal escritorio de una gran compañía tiene todos estos factores cargados en sus hombros. Entonces cómo lo hacen. No les hace falta apoyo, eso está claro, pero tampoco les hace falta tener ganas. No todos están allí por una cuestión de destino, muchos llegaron a lo alto por perseguir sueños, resolver problemas y levantarse luego de la caída.

Es un círculo, del cual solo aquellos que continúan el camino del emprendimiento y de la creación, no quedan atrapados. La persona de negocios se acostumbra a la vida agitada, a la adrenalina de cerrar un trato.

Todo listo, la vida ‘perfecta’, el camino recorrido, pero qué pasa con el futuro. Todo empresario o empresaria quiere dejar consigo un legado, alguien que pueda seguir llevando la bandera que tanto le costó izar.  

La elección no va a estar en la mejor educación o en los atractivos del currículo, va a estar en la confianza. Así como el empresario debe generar confianza en sus clientes, quien vaya a continuar con el legado deberá generarla en quien lo domina.

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