Desde hace tiempo las marcas han intentado convencer a la gente de que representan algo más allá de los productos que venden, a mostrar el mundo a través de sus ojos e intentan vender un estilo de vida que conquiste a los consumidores.

 

Las empresas se están familiarizando cada vez más con la estrategia de utilizar las emociones y los “valores compartidos” para crear una relación con los consumidores y para venderles más cosas. Donde la marca deja de ser un producto y se convierte en una parte integral y más especial en la vida del consumidor. La relación ideal entre los clientes y las marcas, según está lógica, es casi personal.

El ascenso de las tácticas publicitarias del “estilo de vida” en gran parte son resultado de la preocupación de las empresas por no quedarse atrás o perder clientes en un mercado saturado. El objetivo es conquistar consumidores que decidan hablar de sí mismos a través de las marcas, que cada elemento que llevan consigo diga algo sobre sí ante los demás.

Las marcas están enfocándose en una estrategia a largo plazo mientras intentan cautivar los corazones y las mentes de sus clientes, donde la clave se encuentra en la personalidad que demuestre tener la marca, cuanto mas humana sea la personalidad, más cerca se está de la conquista.

Kevin Roberts, ex director ejecutivo de Saatchi & Saatchi, explica en su libro Lovemarks: the future beyond brands que: “Para que las grandes marcas puedan sobrevivir, necesitan crear lealtad más allá de la razón. Esa es la única forma en la que podrán diferenciarse de las millones de insulsas marcas sin futuro. El secreto está en el uso del misterio, la sensualidad y la intimidad. Del compromiso con estos tres poderosos conceptos surgen las Lovemarks, que son el futuro más allá de las marcas”.

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