Es un video filmado por un grupo de padres con un objetivo que se revelará al final. La historia es sencilla y plácida. Un chico, estudiante de secundario, se enamora de una compañera, con quien intercambia –sin conocerse– mensajes grabados en una mesa de madera en la biblioteca del colegio.

Él es Evan, y cada día va a la biblioteca a ver si su enamorada “invisible” le dejó un mensaje. Hasta que llega fin de año. Y la biblioteca cierra.

Finalmente, en el último día de clases llega la hora de firmar los anuarios. Y ambos se conocen sorprendidos. Intercambian saludos en el gimnasio del colegio y la historia parece terminar ahí: una historia feliz, adolescente. Simple. Pero no. Algo más pasa al final que pone los pelos de punta y deja la piel de gallina. Algo que venía sucediendo en el video, pero que nadie advirtió.

“Evan” fue publicado el pasado 2 de diciembre y en menos de cuatro días logró superar los 4,2 millones de reproducciones en YouTube.

“Evan” fue creado por el grupo Sandy Hook Promise (Promesa Sandy Hook), establecido por familiares de las víctimas del tiroteo en la primaria Sandy Hook en Newtown (Connecticut).

El 14 de diciembre de 2012, 20 niños y 6 adultos murieron en esa escuela a manos del joven Adam Lanza, de 20 años de edad. El video de Sandy Hook Promise contiene al final un poderoso mensaje sobre cómo casos como el de Lanza pueden pasar desapercibidos, evitando que se puedan detener matanzas como la cometida por este joven, que había dado señales de padecer algún trastorno mental.

“Cuando no sabes en qué fijarte o no puede reconocer lo que ves, puede ser fácil pasar por alto las señales de alarma o desestimarlas como algo poco importante”, dijo Nicole Hockley de Sandy Hook Promise, cuyo hijo Dylan murió en el tiroteo.

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