Shafqat Islam, Asif Rahman e Iraj Islam son inmigrantes y cofundadores de Newscred—empresa líder en comunicación corporativa y marketing—, que se postula claramente a favor de la inmigración y su beneficiosa contribución al panorama empresarial y económico de EEUU. Por eso ha enviado a su equipo legal al aeropuerto JFK de Nueva York para ayudar a todos los detenidos tras la prohibición de Trump.

Las últimas décadas habían sido del todo halagüeñas para los empresarios inmigrantes en suelo estadounidense, con cifras en auge en el pleno laboral: el 18% de los trabajadores por cuenta propia en 2014 fueron inmigrantes, frente al 7% de 1980, según datos del censo analizado por los economistas Robert W. Fairlie y Magnus Lofstrom. Tras la orden ejecutiva de la Administración Trump de prohibir la entrada a inmigrantes de siete naciones con población mayoritariamente musulmana—veto actualmente bloqueada por orden judicial—, y anunciar medidas adicionales de represión contra la inmigración, es necesario conocer las historias de los verdaderos protagonistas para poder valorar la magnitud del problema. Aquí hemos recogido algunas de sus historias, que son solo una pequeña parte de un relato tristemente conocido.

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Shafqat Islam, CEO de NewsCred
“Mi familia no quería que viniera a EEUU porque no sabemos lo que va a pasar en los próximos días”, dice Islam, de 35 años, inmigrante y cofundador de NewsCred, una compañía de marketing de contenido que comenzó en Bangladesh y, tras recaudar US $ 90 millones en capital de riesgo, hoy emplea a 200 trabajadores entre Estados Unidos, el Reino Unido y Bangladesh.

Alrededor del 20% de los 140 empleados de Nueva York, donde tiene su sede NewsCred, son inmigrantes con visas de trabajo o tarjetas verdes: “No somos sólo una empresa que fue fundada por inmigrantes, empleamos a muchos inmigrantes y de alguna manera existimos gracias a la inmigración “, dijo Islam.” Tenemos una postura bastante sólida al respecto: somos una empresa pro-inmigración”.

La compañía ha organizado su propio grupo de trabajo y, en respuesta a la prohibición de Trump, su equipo legal fue al aeropuerto JFK para apoyar a las personas detenidas. Muchos empleados asistieron a protestas y han hecho significativas donaciones a la ACLU (American Civil Liberties Union) y a otras organizaciones solidarizadas con la causa.

Al empresario le preocupa la posibilidad de que la lista de siete países se amplíe para incluir a Bangladesh—que es también un país mayoritariamente musulmán—y la actual libertad de movilidad de que gozan sus empleados para viajar entre las oficinas de los tres países cese, al igual que la promoción de empleados de Bangladesh a la sede de Nueva York. Pero su verdadera preocupación es la ética y la justicia: “Si la lista se amplía a más países, y se agrega a Bangladesh, tendría un impacto devastador en nuestra nación”—dice Islam—”Claro que tendría un impacto negativo en el negocio, pero eso es secundario. Lo importante es la cuestión moral que estamos enfrentando. ”

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Manny Medina, CEO de Outreach.
Manny Medina, de 42 años, creció en Ecuador y llegó a los Estados Unidos en 1996 para estudiar en la universidad, obteniendo una licenciatura en el Stevens Institute of Technology para luego realizar un máster en Ciencias Informáticas en la Universidad de Pennsylvania y un MBA de Harvard.”Estaba enamorado de la construcción de aviones y quería hacer de ello mi propio negocio, pero como ingeniero en Sudamérica acabas trabajando para una gran compañía y luego como mantenedor de servicios.” Así que en 2013, tras haber trabajado en Microsoft, fundó Outreach en Seattle, una empresa de software diseñado para aumentar la eficacia de los equipos de ventas. Hoy, tiene 130 empleados y espera beneficios de más de $ 20 millones solo este año.

Cuando la orden ejecutiva se anunció el último viernes de enero, lo primero que hizo Medina fue donar personalmente a la ACLU una generosa cantidad para ayudar en el proceso legal. Luego, envió un correo electrónico a todo el personal: “Quería daros una pequeña perspectiva sobre lo que la inmigración aporta al país. Somos una compañía verdaderamente diversa y cada uno tenemos nuestra ideología, pero ser republicano o demócrata es indiferente, porque en cualquier caso la inmigración es un avance hacia adelante y un beneficio para la economía y el país. Yo soy, además de uno de los fundadores de esta empresa, un inmigrante, y me entristece profundamente esta medida”.

A mediados de la semana, Medina había decidido que Outreach necesitaba intensificar su ayuda a los inmigrantes con medidas como la promoción de sus empleados para conseguir visas H-1B o contratar a abogados especializados en inmigración para ayudar a los trabajadores a obtener tarjetas verdes y a conseguir la ciudadanía. “Cuando llegué a este país, no importaba que mi familia hubiera sido educada en Cuba, que mis padres vivieran en Venezuela, que también era un país comunista, y que mi abuelo fuera jefe del partido comunista en Ecuador”, dijo Medina. “No importa de dónde vienen los inmigrantes. Lo que importa es lo que tienen que aportar a nuestra sociedad”.

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Dr. Karlos Boghosian, centro quiropráctico SoVita.
Boghosian huyó de Irán con su familia después de la Revolución para acabar estableciéndose en los Estados Unidos y convertirse en un quiropráctico de prestigio que ha fundado su propio centro especializado, SoVita, desde donde apoya la inmigración y facilita visas de trabajo a sus empleados.

Su camino hasta la tierra de las oportunidades no fue fácil, era un cristiano armenio criado en Irán, y una vez que los islamistas tomaron el poder y los activos empresariales de su padre fueron incautados, la familia se escapó a Turquía en 1986 ya que, en palabras de Boghosian: “No había futuro para nosotros”. En Ankara, un sacerdote local instó a su madre a escribir una carta al Papa Juan Pablo II, y fue gracias a su intervención por lo que pudieron emigrar a Canadá en 1989.

Boghosian, ahora de 44 años, se mudó a los Estados Unidos para estudiar en la Universidad de Bridgeport y allí decidió convertirse en quiropráctico. Hoy en día, el centro con sede en Connecticut es una mini-cadena de oficinas de quiropráctica, con cinco clínicas y 22 empleados, incluyendo a seis quiroprácticos. Los ingresos totales de SoVita rondan los $ 2,5 millones, y Boghosian busca expandirse mediante la venta de franquicias.

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Gurú Hariharan, CEO de Boomerang Commerce
Guru Hariharan, de 37 años, es un inmigrante indio que en 2012, tras trabajar para Amazon y eBay, fundó una plataforma de software que ayuda a los minoristas a tomar decisiones basadas en datos comerciales. Hoy en día, entre los clientes de la compañía con sede en Mountain View (California) se encuentran minoristas como Staples y GNC, y ha recibido más de $ 20 millones en fondos de riesgo de Shasta Ventures y otros inversores.

“No soy una persona de política verbal”, dice Hariharan. “Hemos adoptado una postura firme para luchar por nuestros empleados. Obviamente tenemos inmigrantes en plantilla, personas con visas H-1B que les ayudamos a conseguir, y también patrocinamos tarjetas verdes para empleados excepcionales”. Mientras que algunas startups recortan el apoyo a la inmigración, Hariharan sostiene que, después de haber pasado por el proceso, considera necesario invertir dinero en garantizar el establecimiento de extranjeros. “Invertimos en el apoyo a la inmigración para nuestros empleados, y estoy orgulloso de ello”.

Aunque Hariharan no tiene trabajadores de las siete naciones que fueron incluidas en la prohibición de Trump, le preocupa que la orden ejecutiva sea la punta del iceberg de la nueva política de inmigración. “Ha creado un gran nivel de ansiedad entre nuestra base de empleados porque hay miedo a lo desconocido”, señala Hariharan. Una situación que ya está teniendo un impacto secundario en el negocio, puesto que preocupados por su propia permanencia y la de los miembros de sus familias, los empleados difícilmente pueden centrarse plenamente en el negocio.
“Los Estados Unidos han sido un imán para el talento, la creación de riqueza y la innovación, y la verdad es que hoy en día ese referente está en riesgo. Solo el impacto económico de limitar la contratación es alto, dañará a la América corporativa, y habrá fuga de cerebros hacia otros países”.

Forbes

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