Fundada en 1997 por Reed Hastings y Marc Randolph, Netflix ha cambiado nuestra forma de ver cine. Con más de 81,5 millones de suscriptores alrededor del mundo, el servicio de vídeo en streaming amenaza el tradicional modelo de negocio de Hollywood. Y pesos pesados de la industria como James Cameron, Todd Philips  y Christopher Nolan se resisten a estos cambios que, a su juicio, acabarán aniquilando al cine y a su legendaria magia.

Netflix, que primero fomentó el “bingewatching” estrenando de una sola vez temporadas completas de series de televisión, está cambiando también el consumo de películas, ofreciéndolas de manera paralela a las salas de cine o aún peor (según algunos): emitiéndolas única y exclusivamente en streaming.

Si en 2012 había que esperar habitualmente nueve meses para ver en casa, vía DVD, los últimos estrenos de cine, actualmente la espera es únicamente de entre dos y tres meses (tanto para disfrutar de las películas en DVD con en las cada vez más pujantes plataformas de vídeo en streaming). Y los cambios en los hábitos de consumo de los amantes del séptimo arte se están dejando notar también en las arcas de la industria cinematográfica. A pesar de que en 2016 las salas de cine estadounidenses obtuvieron una recaudación récord de 11.400 millones dólares, lo cierto es que desde 2004 ha caído no sólo el número de espectadores sino también la venta de DVDs. En cambio, los ingresos obtenidos con los contenidos audiovisuales en streaming han alcanzado el  71% desde el año 2011.

Algunos en Hollywood creen que hay que subirse cuanto antes al tren del vídeo en streaming y otros insisten, como Christopher Nolan destacado director cinematográfico, en declarar la guerra a Netflix y compañía.

En 2015 se llevó a cabo una nueva edición de CinemaCon  (la convención que reúne a los empresarios de salas de teatro). En este encuentro, Sean Parker, fundador de Napster, presentó “Screening Room”, un revolucionario modelo que permite al espectador disfrutar de los últimos estrenos en casa el mismo día de su aterrizaje el cines. ¿La condiciones para disfrutar de este servicio? Adquirir un dispositivo settop-box de 150 dólares y pagar una cuota de alquiler (válida durante 48 horas) por un valor de 50 dólares. Si este modelo se hacía realidad, las salas de cine estaban condenadas a desaparecer.

Warner Bros. no es, de todos modos, el único estudio cinematográfico que se replantea acortar el periodo que debe transcurrir entre el estreno de un filme en los cines y su aterrizaje en los servicios de vídeo en streaming. Cinco de los seis grandes estudios de Hollywood contemplan esta posibilidad. Sólo Disney ha preferido quedarse al margen (porque está convencido de que la gente acudirá en tropel a los cines para ver las próximas entregas cinematográficas de Marvel y Star Wars). Y pese a que muchos creadores siguen contemplando con horror los planes de los grandes estudios de Hollywood, cada vez más voces, antaño críticas, están haciendo mutis por el foro, quizás porque saben que es imposible poner barreras al mar (o lo que es lo mismo, a los cada vez más briosos servicios de vídeo en streaming).

Será cuestión de tiempo observar como continúa esta creciente puja entre el séptimo arte y Netflix.

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