La era de la información y la informática ha conducidos a que algunos expertos lleguen a pensar que el papel de los grandes colegios y universidades desaparezcan con el transcurso del tiempo.

Pero, por qué los pensadores contemporáneos llegaron a tal conclusión, es sencillo, se ve en la actualidad. Basta con detenerse y ver algunos de los casos: Evan Spiegel o Mark Zuckerberg, ninguno de los dos pasó todos los años de sus carreras en un aula de clase para ser unos genios.

De este modo, se ha llegado a concluir que las próximas generaciones necesitarán menos de los salones de clase para salir a la luz con nuevas ideas y proyectos que se convertirán en potenciales negocios multimillonarios.

Sin embargo, los expertos destacan el gran valor que tienen las universidades para sacar a flore a grandes hombres y mujeres que hoy son líderes del ecosistema empresarial.

Así, las aulas de clase no solo funcionan como un espacio de formación sino como una incubadora de potencias. Lamentablemente no todas son una máquina de hacer profesionales multimillonarios, pero algunas así.

Cualquier persona exitosa de negocios le dirá que desarrollar su red de trabajo es la mitad de la batalla, entonces, dónde está el mayor esfuerzo: en las escuelas, y dentro de ellas Harvard es la que más “efectos red” produce.

35 de las personas más ricas de la actualidad han pasado por las aulas de Harvard. Los hombres y mujeres de negocios exitosos graduados de esta prestigiosa universidad superan por un número importante a aquellos que obtuvieron sus diplomas en Arabia Saudí y España juntos.

El valor neto de los graduados en Harvard es casi equivalente a el PBI de Hong Kong o Irlanda, estamos hablando de 309 mil millones.

Algunos de los ejemplos más claros son: Charlie Munger, Meg Whitman, John Paulson, Steve Ballmer, Paul Singer, Ken Griffin, Ray Dalio y Michael Bloomberg.

De este modo la universidad no solo es una incubadora, sino que también es una poderosa red para los negocios que tanto alumnos como profesores aprovechan.

Cuál es la clave para llegar a estos números, el sistema de filtros sin duda. Las universidades más prestigiosas como Stanford o Harvard cuentan con una tasa de aceptación menor al seis por ciento.

Por el momento es indiscutible que la institución es una máquina de formar multimillonarios, qué pasará en el futuro es totalmente incierto pues los genios del mundo contemporáneo están surgiendo desde otras áreas y de diversas formas.

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