A partir del 20 de enero, el multimillonario Donald Trump será no sólo el presidente de Estados Unidos y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de ese país, sino que también se le podrá considerar, con 18 millones de seguidores en Twitter, tuitero en jefe.

Su futuro jefe de prensa, Sean Spicer, ha confirmado que Trump seguirá utilizando Twitter y otras redes sociales durante su Presidencia, al igual que ha hecho durante la campaña electoral y el período de transición.

“Creo que va a ser una parte muy emocionante del trabajo”, ha explicado Spicer en una entrevista con la cadena de televisión WPRI de Rhode Island. “Creo que su uso de los medios sociales en particular va ser algo que no hemos visto antes”, ha añadido el próximo jefe de prensa de la Casa Blanca.

Trump, que desde julio no ha hecho rueda de prensa alguna, tiene 39 millones de seguidores si se suman las personas que le siguen en Twitter, Facebook e Instagram. Eso le permitirá expresar sus pensamientos sin intermediarios y saber de primera mano lo que piensan los estadounidenses de sus políticas.

Cuando la futura primera dama Melania Trump anunció que durante la Presidencia de su esposo iba a trabajar contra el cyberbullying o acoso en internet, muchos le recomendaron que empiece por su marido.

El diario The New York Times publicó en octubre una doble página con todos los insultos de Trump en Twitter durante la campaña electoral. Trump, un tuitero compulsivo, faltón y polémico, no dejaba títere con cabeza.

Tras ganar las elecciones, Trump prometió en una entrevista con el programa ’60 minutes’ de la cadena de televisión estadounidense CBS que, cuando asuma el cargo, va a estar “muy contenido” en Twitter.

De momento, no ha dado signos de contención. El presidente electo usa casi a diario Twitter, ya sea para insultar a sus adversarios, criticar la cobertura de los medios de comunicación, quejarse de la imitación que hace Alec Baldwin de él en ‘Saturday Night Live’, alabar al presidente ruso Vladimir Putin, señalar con el dedo a las empresas que deslocalizan empleos en el extranjero, amenaza con cancelar contratos del Gobierno federal, hacer diplomacia del Twitter o anunciar nuevas políticas en 140 caracteres.

Muchos analistas, como la columnista Maya Kosoff de la revista Vanity Fair, consideran que “la obsesión de Trump con Twitter es una pesadilla diplomática”. “La cuenta de Twitter @realDonaldTrump ofrece un perfil psicológico sin precedentes (y sin filtro) del presidente electo”, añade Kosoff. Sus más de 34.000 tuits estarán ya estudiándose en las cancillerías de todo el mundo para tratar de obtener un retrato psicológico del presidente.

Sólo en la última semana en Twitter, Trump ha precisado que fue Bill Clinton el que le llamó por teléfono para felicitarle, no al contrario; ha alabado al empresario mexicano Carlos Slim, después de criticarlo en la campaña electoral; ha dicho que ganar el voto del Colegio Electoral es más difícil que ganar el voto popular; se ha jactado de ganar las elecciones invirtiendo menos dinero en la campaña electoral que Hillary Clinton, ha criticado el alto coste del F-35 de Lockheed Martin; ha criticado la falta de respuesta ante el terrorismo islámico radical, tras el atentado en un mercadillo en Berlín; ha defendido la labor de su Fundación, que va a cerrar para evitar conflictos de interés; ha criticado a Naciones Unidas; y ha abierto la puerta a una nueva carrera armamentística, entre otras cosas.

La candidata demócrata, Hillary Clinton ya lo advirtió durante la campaña electoral: “Imaginen [a Donald Trump] en el Despacho Oval enfrentándose a una crisis real. Un hombre al que se le puede provocar con un tuit no es un hombre en el que podamos confiar los códigos de las armas nucleares”, dijo Clinton a finales de julio en la Convención Nacional Demócrata tras aceptar la candidatura de su partido a las elecciones presidenciales.

El problema es que, a partir del 20 de enero, Trump no sólo tendrá al alcance de su mano su teléfono móvil Android para lanzar tuits, sino también los códigos nucleares.

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