Si hay algo que persigue todo marketero es entender el comportamiento del consumidor para, de esta manera, poder ofrecer los productos en el lugar, forma y momento en el que los desean. Y cada vez es más fácil gracias a las nuevas tecnologías, muy útiles a la hora de registrar cada uno de los pasos que toma el cliente en su jornada de compras.

gato y raton

Y son muchas las prácticas que ya se llevan a cabo como la geolocalización, el neuromarketing o la biotecnología, de cuya combinación se puede obtener un perfil bastante preciso de los consumidores: cómo compran, en qué se basan sus decisiones, cuál es el recorrido que hacen, etc.

Uno de los sectores más interesados en este tipo de estrategias es el del gran consumo, los supermercados, que, aunque es bien conocido que llevan muchos años “engañando” al consumidor con triquiñuelas como promociones, ofertas y colocaciones estratégicas de los productos en las góndolas, ahora sus técnicas son cada vez más precisas.

Muchos establecimientos colocan ya en sus carritos de la compra unos GPS que registran el recorrido que hace el cliente desde que entra hasta que sale de la tienda de manera que puedan ir experimentando con los precios o la colocación de los productos para incitar a la compra.

Supermercado

Pero incluso ya se están probando otro tipo de tecnologías como el eye-tracking o GSR, orientadas a medir el recorrido ocular y las reacciones inconscientes a los estímulos externos, ya que la mayoría de las decisiones del comprador son inconscientes.

Aunque el empeño de los supermercados por hacer consumir más de lo que debemos va mucho más allá y no deja escapar el más mínimo detalle. Desde los carros de la compra, algo lentos para que haya más posibilidades de que el consumidor se fije en los productos, pasando por la música que cambia sus ritmos en función de la necesidad de una compra pausada o rápida e irreflexiva; la iluminación que ayuda a que los productos parezcan más frescos y le entren por los ojos al comprador; los productos estratégicamente colocados en las cajas como golosinas, chocolatinas y demás tentadores artículos que logran acabar en algún carrito.

Pero también el cambio constante de los productos para obligar al consumidor a recorrer toda la tienda; los artículos atractivos a la vista de los pequeños de la casa que casi siempre acaban convenciendo a sus padres de hacerse con algún producto innecesario; esos enormes y suculentos surtidos de panadería y bollería a la entrada de los supermercados que hacen agua la boca nada más entrar por la puerta; los precios psicológicos o la compra a domicilio a partir de un gasto establecido que puede llevar a gastar más de lo previsto.

Supermercado

Y aunque seguro que no es una sorpresa, pues en el juego del consumo el gato siempre está intentando cazar al ratón, nunca está demás tener en cuenta algunos consejos para no caer en la trampa.

María Ángeles Molina, directora y psicóloga de Psinergia, ofrece algunas pautas a El Mundo para no dejarse tentar por las estrategias de estos establecimientos. Así, dejar a los niños en casa, elegir un canasto en vez de un carrito grande, llevar la lista de la compra escrita de casa, valorar la cantidad en relación con el precio de los productos, dirigirse directamente a los pasillos que interesan o revisar si la selección hecha es la correcta son pequeñas claves que pueden evitar más de un susto a la hora de pagar.

Fuente MarketingDirecto

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