Esta semana en el Parlamento francés se aprobó una de las promesas que realizó Emmanuel Macron en su campaña electoral. Estará prohibido el uso de teléfonos celulares en las escuelas públicas, una política con un trasfondo.

Si todo sale como lo planeado la medida comenzará a regir tanto en la educación primaria como en la secundaria a partir del próximo ciclo lectivo.

Esta política tiene trasfondo en otras regiones del mundo. Lo cierto es que el problema del uso de celulares en la clase y cómo la tecnología afecta en los procesos educativos es un tema que todavía se encuentra en debate. Si bien la preocupación por el factor no es nueva en Francia, sí se transforma en el primer país en aplicar una prohibición.

El ministro de Educación del país calificó a la normativa como una ley para el siglo XXI donde la revolución digital es cada día más patente. Debido a otras normativas, como el impedimento para realizar requisas o registrar las pertenencias de los estudiantes, el control sobre el uso de los celulares en las escuelas será más complicado de lo que parece.


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Los teléfonos inteligentes son una herramienta valiosa como recurso educativo, pero en la realidad funcionan como un factor de dispersión que con la nueva política de Francia se podría eliminar por completo.

Según una encuesta realizada en el año 2016 en Francia nueve de cada diez estudiantes de entre 12 y 17 años poseen teléfonos celulares. Para la oposición la medida no tiene sentido debido a que en el año 2010 se había implementado un texto de similares características que hasta el momento no ha tenido efecto alguno.

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