En octubre pasado, la falta de inversión llevó a quebrar a la empresa que estaba financiando el proyecto y por este motivo el Bloodhound se puso en venta.

Bloodhound, construido con un motor a reacción Rolls-Royce Eurofighter atornillado a un cohete, está casi terminado. El equipo detrás del proyecto, desarrollado en Bristol, Reino Unido, tenía como objetivo batir el récord mundial de velocidad terrestre existente de 1.228 km/h. Pero no ha podido conseguir el dinero necesario para lograrlo, que asciende a unos 31 millones de dólares.

La estructura principal del vehículo ya se había construido y puesto a prueba en 2017. En un ensayo realizado en el aeropuerto de Newquay, Reino Unido, Bloodhound alcanzó una velocidad de 320 km/h.

Al no poder concretar los objetivos y no obtener el financiamiento necesario,  el proyecto cerrará, según anunciaron sus actuales administradores, y el auto se puso a la venta a un precio de alrededor de 318.000 dólares, dijo el conductor de Bloodhound, Andy Green.

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