Si imaginamos un mundo donde las buenas actitudes estuviesen controladas por un algoritmo, este mundo se parecería más a Black Mirror que a la realidad. Lo cierto es que “la realidad supera a la ficción” y este es el caso. En China se pretende implantar un sistema de control a través de algoritmos. 

Se trata del denominado Sistema de Crédito Social que llegará a Pekín en el año 2020 para someter a la población a la más estricta vigilancia gracias a cientos de cámaras, big data e inteligencia artificial. El secreto del gobierno chino es el machine learning como práctica para recolectar datos. El objetivo es estimular a la población a tener un “buen comportamiento”, premiando con mejores condiciones de vida a los que se “porten bien”.

Por momentos suena absurdo, es cierto, pero la realidad es que se encuentra más cerca de lo que creemos. Estar expuestos a algoritmos que conocen todo de un individuo y son capaces hasta de adelantarse a sus movimientos puede fomentar su utilización para fines poco éticos.

En un mundo absolutamente digital, esta idea no parece irrealizable. Podría significar una consecuencia del mundo altamente tecnológico en el que vivimos. ¿Dónde queda entonces la privacidad y el uso personal de la información? Este debate se abre a continuación. Es importante entonces, educar en digital. La tecnología puede ser muy buena y efectiva si se usa con esos fines. Pero también, posee una arista delgada de control y manipulación social.

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