Litros y litros de tinta virtual se han vertido en los últimos meses para elogiar el último y cacareado éxito de Netflix. Hablamos de Stranger Things, una serie que debe su arrollador triunfo a una calculada y certerísima avalancha de nostalgia que recuerda al Stephen King de los años 80 y a los monstruos bajo la cama (o escondidos dentro la pared) de eran la norma en aquella lejana (y añorada) época.

Que Stranger Things es un entretenimiento puro y duro (y del bueno) es algo que pocos, muy pocos, ponen en duda. Que la serie está trufada también de utilísimas lecciones marketeras es quizás menos evidente, pero no por ello menos cierto. A continuación, y de la mano de Aspectus, repasamos las principales enseñanzas marketeras que hay agazapadas en Stranger Things:

1. Los clichés utilizados con sabiduría no merecen en realidad el nombre de clichés

El misterioso y tenebroso laboratorio del gobierno, la pandilla de amigos que juega a Dragones y Mazmorras, el novio que se cuela en la habitación de su chica por la ventana… Stranger Things es una serie llena hasta los topes de clichés, pero gracias al ingenio y el amor que sus creadores han puesto en ellos (mezclándolos y refundiéndolos en múltiples combinaciones diferentes), estos parecen nuevos y familiares al mismo tiempo. Que los clichés, bien utilizados, son una poderosa arma marketera no queda sólo a las claras en Stranger Things sino también en una de las campañas más celebradas (y poderosas) de los últimos tiempos: “Like A Girl” de Always.

 2. Algunos clichés merecen morir

En el cine y la televisión ha existido siempre el cliché de que lo mejor es evitar trabajar con niños (a menos que uno quiera morir de un ataque de desesperación). Sin embargo, cualquiera que haya visto Stranger Things y haya podido juzgar por sí mismo la magnífica interpretación de sus protagonistas más jóvenes se habrá dado cuenta de lo absurdo que resulta en realidad este cliché. En la industria marketera hay también muchísimos clichés y uno de los que más ruido provocan (al menos últimamente) es el referido al content marketing, tildado por algunos de Santo Grial y por otros de soberana tontería. Pero, ¿quiénes tienen razón, quienes enarbolan el cliché de que el marketing de contenidos es la cura de todos los males o quienes prefieren colgarse del brazo del cliché de que esta disciplina no vale en realidad para nada? Probablemente ninguno de los dos grupos. ¿Por qué? Porque algunos clichés (los más exagerados al menos) merecen morir.

3. A la audiencia hay que tomarse la molestia de conocerla (y hacerla sentir)

Stranger Things funciona básicamente por dos razones: porque sigue la estela de series como Breaking Bad y Juego de Tronos, las mismas que han puesto a la televisión (por fin) a la altura del cine, y porque conecta con la audiencia en un momento en que esa audiencia demanda elevadas dosis de nostalgia (probablemente la serie de Netflix no hubiera funcionado tan bien en 2050 como en 2016). La irresistible fuerza marketera de la “morriña”, de la añoranza por tiempos pasados, queda reflejada también en otro fenómeno reciente: Pokémon GO.

4. Lleve a la audiencia a lugares donde no haya estado antes (más o menos)

Hawkins, la localidad donde se desarrolla Stranger Things (y también lo que hay al otro lado), son lugares nuevos, pero inspirados claramente en sitios vistos mil veces por el espectador tanto en la pantalla grande como en la pequeña. Para alumbrar contenido marketero de calidad tampoco hay que empezar necesariamente de cero si queremos cruzar victoriosos la meta del éxito. No hay reinventar necesariamente la rueda para conectar con la audiencia, basta con transportarla a lugares familiarmente nuevos.

5. No lleve a la audiencia al “mundo del revés”

En Stranger Things el “mundo del revés” es un reflejo oscuro y distorsionado de nuestro propio mundo, un lugar donde nadie, en su sano juicio, querría estar. Aun así, a la hora de planificar sus campañas, algunas marcas se empeñan en llevar a la audiencia a ese tétrico “mundo al revés”. Es lo que hizo algún tiempo Amazon, que para promocionar la serie The Man in the High Castle llenó el metro de Nueva York de simbología nazi (y se llevó bastantes críticas por semejante ocurrencia).

Fuente Marketing Directo

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